Se conoció la autopsia del profesor de la UBA encontrado muerto en Caballito
La muerte de David Walter Aguirre, el docente universitario de 55 años encontrado sin vida en su departamento del barrio porteño de Caballito, sigue bajo investigación judicial. En las últimas horas se conocieron detalles clave de la autopsia que podrían ayudar a esclarecer el caso. Los investigadores analizan la posibilidad de que la víctima haya tenido algún tipo de vínculo con el agresor.
El informe forense, difundido por TN, determinó que el profesor falleció por una doble asfixia. Según las pericias, tenía una remera introducida en la boca y, al mismo tiempo, el atacante ejerció presión sobre su cuello. Este resultado refuerza la hipótesis de un homicidio. Además, el departamento donde vivía y trabajaba, ubicado en la calle Hidalgo al 375, no presentaba signos de violencia en accesos como puertas o ventanas, lo que sugiere que Aguirre podría haber permitido el ingreso del agresor voluntariamente.
Las cámaras de seguridad del edificio aportaron otro dato importante para la causa. En las imágenes se observa al docente ingresando al inmueble tomado del brazo de un joven, quien sería la última persona que estuvo con él antes de su muerte. De acuerdo con información publicada por el diario Clarín, existen indicios de que ambos habrían pasado la noche juntos. Los investigadores intentan determinar si el sospechoso fue contactado mediante una aplicación de citas o si el encuentro se produjo en otro contexto.
El hallazgo del cuerpo ocurrió el miércoles alrededor de las 14.15, cuando su colaborador César David Tintilay llegó al departamento. Allí encontró a Aguirre tendido en el suelo de su habitación, maniatado con precintos y con un trapo en la boca. La escena generó conmoción y abrió múltiples líneas de investigación para esclarecer lo sucedido.
La causa está a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 58, dirigida por Jorge Héctor Emilio Fernández. Aguirre era profesor de Planeamiento a Largo Plazo en la Universidad de Buenos Aires desde 2011 y también se desempeñaba como CEO de la empresa de ciberseguridad Fenikso. A lo largo de su carrera tuvo un rol activo en la formación académica y en proyectos educativos, incluyendo su participación en el programa UBA XXII que promueve la educación universitaria en contextos de encierro.