Rochi Igarzábal habló de su lucha contra los ataques de pánico
Rochi Igarzábal se animó a compartir uno de los capítulos más sensibles de su vida personal y emocional. En una entrevista profunda y sin filtros, la actriz y cantante recordó el período en el que atravesó ataques de pánico, un fuerte desgaste mental y físico, y la dificultad de reconocer lo que le estaba ocurriendo. Durante la charla, puso en palabras una experiencia que durante años mantuvo en silencio.
En el Ejército de la Mañana (Bondi Live), la joven reflexionó sobre cómo, en aquel momento, la salud mental no era un tema tan visible como lo es hoy. “En ese momento tal vez no se hablaba tanto de eso”, explicó, al referirse a los primeros síntomas que comenzaron a aparecer. Consultada sobre si sintió vergüenza al expresarlo, fue clara al describir un sentimiento de confusión y desconcierto: “No sabía muy bien qué me estaba pasando”, confesó, dejando en evidencia lo complejo que fue identificar el problema.
Igarzábal relató con crudeza cómo los ataques de pánico impactaban en su rutina diaria, generándole sensaciones de ahogo y deseos de escapar de ciertos espacios. A ese cuadro se sumaba una autoexigencia constante vinculada a su imagen y a su desempeño profesional. “Estaba muy pendiente de mi peso, de que si me entraba o no el pantalón que me daban. No me podía concentrar, no me acordaba la letra”, recordó. Con el tiempo, entendió que esas señales eran advertencias claras de un límite que su cuerpo y su mente estaban marcando.
El proceso de recuperación fue largo y requirió un abordaje integral. La artista explicó que trabajó junto a una nutricionista, una psiquiatra y una médica para poder salir adelante. “Fue algo que tuve que trabajar muchísimo”, señaló, subrayando que no existieron soluciones inmediatas. El punto de partida, según contó, fue reconocer internamente que algo no estaba bien: “‘Che, me está pasando algo’”, una frase que funcionó como disparador para iniciar el cambio.
El acompañamiento de su entorno también resultó clave. Si bien admitió que a su familia le costó comprender la situación en un primer momento, también valoró el esfuerzo y el sostén recibido. “Es muy doloroso para un padre y una madre reconocer el sufrimiento de una hija”, reflexionó. Al recordar el momento más oscuro, explicó que hablar de lo que sentía fue determinante: “A partir de que lo empecé a hablar, se tiñó de otra cosa”. Y concluyó con una imagen potente que resume su proceso de sanación: “Miré para arriba y estaba el sol. Había luz dentro de ese hueco”.