Casi la mitad de argentinos pagan con tarjeta de crédito en supermercados, según la UBA
Un reciente informe elaborado por el Centro de Estudios para la Recuperación Argentina (CentroRA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA reveló una tendencia preocupante en el comportamiento de consumo de los argentinos. Según el análisis, en lo que va del gobierno de Javier Milei, el uso de tarjetas de crédito para adquirir productos en supermercados creció del 39% al 46% del total de operaciones registradas.
El estudio advierte que este fenómeno no se corresponde con una recuperación genuina del consumo, sino que responde a estrategias de endeudamiento por parte de los hogares. “En síntesis, los datos analizados reflejan una situación aún delicada en términos de consumo masivo. A pesar de ciertos signos de recuperación en las ventas de supermercados, la demanda no logra recomponerse plenamente y permanece por debajo de los niveles previos al inicio de la actual gestión”, expresó el CentroRA en su informe.
Otro dato relevante que señala el documento es la caída sostenida en el sector mayorista. A partir de estadísticas del INDEC correspondientes a mayo de 2025, se destaca una baja del 5% interanual en las ventas de supermercados mayoristas, mientras que el incremento mensual fue apenas inferior al 1%. En contraste, los supermercados minoristas presentaron una suba interanual del 6,1%, aunque mostraron una caída del 1,2% frente al mes anterior.
“La persistente contracción de las ventas mayoristas, sumada al creciente uso de financiamiento para la compra de bienes básicos, sugiere que el consumo está siendo sostenido parcialmente por mecanismos de endeudamiento, en un contexto de debilitamiento del poder adquisitivo y elevada incertidumbre económica. Estos elementos, en conjunto, ponen en evidencia las dificultades que enfrenta el mercado interno para consolidar una recuperación sostenida”, advirtió el informe.
De esta forma, el análisis del CentroRA pone el foco en una realidad preocupante: la aparente estabilidad del consumo se apoya cada vez más en herramientas crediticias, lo cual genera una presión adicional sobre las economías familiares. A pesar de ciertas mejoras en algunos indicadores, el consumo masivo aún no encuentra un rumbo firme, en un escenario económico que continúa marcado por la desconfianza y la pérdida de capacidad de compra.