Editorial HI
12/05/2022

La comodidad y el desacierto de hablar de internas fuera del país, por María Belén Aramburu

Parecería que la distancia brindada por los viajes al exterior le otorgaran al presidente Alberto Fernández un blindaje.

La comodidad y el desacierto de hablar de internas fuera del país, por María Belén Aramburu
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ablar de internas partidarias de un frente al cual se pertenece y gobierna un país resulta cómodo y hasta se pierde un poco la implicancia de las consecuencias de las palabras pronunciadas y los gestos emitidos por la distancia que, de todos modos no lo es tal, porque no hay nada más lejano a esta interpretación en un mundo globalizado y cercano por la aplicación de la  tecnología. Es la percepción que se tiene cuando la lejanía física lleva a una equivocada representación de una realidad que aparece como distante en el espacio y a veces también en el tiempo, que distorsiona la visión objetiva de lo que sucede y puede suceder con las palabras y acciones que se materializan.

Parecería que la distancia brindada por los viajes al exterior le otorgaran al presidente Alberto Fernández un blindaje respecto de las palabras emitidas en un contexto de una interna feroz del frente gobernante, teniendo como principal contrincante de la contienda a su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien recibe las respuestas a sus dardos desde Europa.

La elección de la realización de un viaje al exterior del país por parte de Alberto Fernández tiene su asidero en el respiro que éste le brinda de los temas domésticos que lo azotan, de la desgarradora interna que atraviesa el Frente de Todos, la bienvenida brindada por los primeros mandatarios europeos, la imagen mejorada como resultado de la buena recepción en el extranjero y los resultados obtenidos de estas reuniones con acuerdos bilaterales, la posibilidad del logro de la expansión comercial, el posicionamiento argentino en los foros internacionales y el mundo, desde la perspectiva geográfica de países sólidos y con poder en la toma de decisiones del continente europeo.

“Vine a Europa con dos objetivos: mostrar la posición de privilegio de Argentina para exportar alimentos y gas, y dejar en claro mi preocupación por la guerra, que afecta también a los países de nuestro continente”, expresó sobre su gira el presidente Alberto Fernández que, después de sus escalas en España y Alemania, llegó a Francia poniendo el eje en su encuentro con el primer mandatario recientemente reelecto, Emanuel Macron. Pero las entrevistas que le fueron realizadas marcaron definiciones sobre su pelea con Cristina Fernández y La Cámpora, algunos de cuyos miembros están ocupando puestos clave en el gabinete de su gobierno. De “su” gobierno o del gobierno del Frente de Todos en su conjunto, punto sobre el cual hice hincapié en editoriales anteriores de @Haceinstantes.

El denominado debate, concepto utilizado por distintos funcionarios del Frente de Todos como denominación común al incesante enfrentamiento y cuestionamiento de ideas, con su permanente desgaste, supo a inconducente. El presidente Alberto Fernández decidió dejar las internas a un lado y ordenó a su comitiva que se centraran en la gira y no en las internas. Orden que repitió una y otra vez en su diálogo interno para recordarse lo que era más conveniente.

¿Debiese un primer mandatario referirse a cuestiones internas partidarias en un viaje al exterior? Desde mi punto de vista no. Por varias razones. La primera es que se desdibuja el noble propósito de una gira de la magnitud de ésta en que es recibido por presidentes y primeros ministros europeos, no sólo para alcanzar objetivos que favorezcan a la Argentina, sino que hoy el mundo, sumergido en la guerra entre Rusia y Ucrania, requiere de posicionamientos concretos y puntuales en relación con las repercusiones que la misma trae aparejada, sobre todo si se encuentra en Europa, centro estratégico de direccionamiento de políticas conducentes a frenar la guerra y evitar se sigan desencadenando consecuencias catastróficas para todos.

Creo que un primer mandatario no debe ventilar cuestiones internas partidarias domésticas en el exterior. Es sumamente desprolijo, más allá de la lógica asumida en las entrevistas que lleva a los periodistas a formular preguntas sobre estos temas que además saben, con buen criterio, que tendrán un efecto multiplicador en la generación de repercusiones fuera de su propio país, especialmente en la Argentina, y en este caso, con una perspectiva correcta de la falsa correlación que puede crearse y creerse sobre la distancia geográfica entre el lugar de emisión y los de recepción del mensaje. Es un logro periodístico que se lleva laureles y hace ruido, se sabe, adentro y afuera.

Pondría como ejemplo a un matrimonio que no se lleva bien, que tiene una interna complicada que no puede resolver con el diálogo y acude a expresar sus diferencias en un encuentro con amigos o conocidos o desconocidos. La búsqueda de que el otro, con quien no se puede hablar razonablemente de los problemas compartidos en la pareja para arribar a una solución, le queden claros a ese otro en un entorno ajeno al íntimo, es por demás desprolijo y hasta incómodo para el resto, que tomará una posición para opinar y/o defender a alguno de los dos. Alberto y Cristina no son un matrimonio pero sí un tándem gubernamental. Que no se llevan bien ya lo sabemos y vaya que lo sabemos. Que opinan diferente sobre cuestiones fundamentales de política económica, exterior y demás ya lo sabemos. Ahora que sus desavenencias trasciendan las fronteras con exposiciones públicas en un viaje organizado para propósitos superiores a éstos es un desacierto.

No cabe dudas que el viaje del presidente es a la vez utilizado como un plataforma de lanzamiento de una precandidatura presidencial para el 2023. Y de hecho hasta funcionarios como el Ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, afirmando que “el Presidente se ganó el derecho a competir por la reelección y voy a acompañar esa decisión” y desafiando a Cristina Fernández de Kirchner para “que se presente y compita”, acentúan y reafirman la intención de Alberto Fernández. Y este punto es común a los primeros mandatarios del mundo. Sus viajes los potencian cuando son geográfica y políticamente estratégicos a los fines domésticos y de una reelección. Pero... las declaraciones subsiguientes del Ministro Fernández sobre la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de la Cámara de Diputados en el sentido de que “no le doy ningún valor a eso, en 24 horas estaba reemplazado” y “yo no dejaría solo a un Presidente peronista...” potencian la interna. Esto pone de manifiesto que la interna continúa puertas adentro del país pero no en declaraciones del presidente Alberto Fernández y su comitiva en el exterior. Por ahora...

Por más que de acá en adelante no haya referencias públicas ni periodísticas sobre las internas durante la gira presidencial, lo dicho, dicho está. Suena fuerte en los oídos de los receptores del mensaje y no se puede dar marcha atrás. Ahora son otros quienes pronuncian los mensajes y evitan el desgaste del presidente. Desgaste y desprolijidad. Lo cierto es que esta historia continúa. No es un dato menor. Ni bueno tampoco. Lo mejor es que hoy el presidente se concentre en la consecución de objetivos que beneficien a la Argentina en su relación con los países europeos que se encuentra visitando, con la mira puesta en la solución de los problemas que atraviesa el país, que son varios.

María Belén Aramburu

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