Editorial HI
02/02/2022

Qué busca Máximo Kirchner con su renuncia, por María Belén Aramburu

Haber pateado el tablero puede jugarle a favor o en contra.

Qué busca Máximo Kirchner con su renuncia, por María Belén Aramburu
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odría haber elegido la interna en el Frente de Todos como tema eje de la editorial y no centrarme en Máximo Kirchner. Evalué las consecuencias de la decisión que tomó al salir de la presidencia de su bloque en la Cámara de Diputados. Pero en mí rondaba la idea de su pretensión, aunque nunca hecha pública, de su candidatura presidencial para el 2023.

Máximo Kirchner lleva el apellido de dos presidentes de la Nación. Su padre, fundador del llamado kirchnerismo desde que llegó a la presidencia luego de que Carlos Menem desistiera de una segunda vuelta y su madre, Cristina Fernández de Kirchner, actual vicepresidenta de la Nación, quien desde el Congreso levantó la bandera del kirchnerismo, patrimonio del matrimonio. Fue presidenta en dos períodos consecutivos dando continuidad a esta corriente política durante 12 años y quien, con su caudal del 30% del electorado nacional a su favor, eligió a Alberto Fernández como candidato presidencial para la fórmula que ganó las elecciones en el 2019.

Las presidencias no se heredan. Se conquistan a través de la voluntad de los votos. Ser hijo de los presidentes Kirchner no lo hace presidenciable en absoluto. Pero sus expectativas y las partidarias sobre su persona lo convirtieron en encuestable y medible para la carrera de 2023.

Haber pateado el tablero puede jugarle a favor o en contra. Creo que hoy le juega bastante en contra aunque parte de la militancia lo encuentre en sintonía con la posición que sostiene contra el pago al Fondo Monetario Internacional y el marco institucional del organismo financiero. El FMI fue la excusa perfecta. Pero el momento elegido fue, desde el punto de vista político, y quizás personal, de lo más desacertado. Quizás él no lo crea así. Veamos.

Máximo Kirchner, con su renuncia a la presidencia del bloque de Diputados del Frente de Todos, puso en evidencia la interna de la coalición, siendo lo más peligroso, el enfrentamiento con el presidente Alberto Fernández. Y si bien el acuerdo que debía pasar por el Congreso fue la excusa perfecta para demostrar que no es lo mismo el kirchnerismo que el peronismo que convalida a Alberto Fernández, manifiesta su desagrado con un portazo a su cargo y al acuerdo.

El presidente Alberto Fernández y su Ministro de Economía, Martín Guzmán, negociaron con el Fondo Monetario Internacional lo que podríamos llamar un acercamiento a la pretensión de un pago con plazos extendidos y exigencias que empiezan porque la Argentina muestre un plan económico sólido, que implique crecimiento, que sea sostenible en el tiempo. Los detalles en cuanto a la inflación, déficit fiscal, gasto público, ingresos provenientes de impuestos y su fiscalización, nivel de reservas del Banco Central, tarifas de energía, los estamos conociendo de a poco. De hecho la oposición aclaró en varias oportunidades que no puede dar un sí rotundo a lo que no se conoce aún y está en la letra chica del acuerdo.

La posición central que se le dio a Máximo Kirchner en el tablero político también lo ubica en el centro de las miradas. La portación de apellido en consonancia con las declaraciones públicas de su madre, Cristina Fernández de Kirchner, vicepresidenta de la Nación, en franco desacuerdo con la forma en que se contrajo la deuda, el monto de la misma, poniendo en tela de juicio su legitimidad y luego, sus intensas críticas a lo establecido como marco para el pago de los US$44.000 millones aceptados, lo colocaron y, sobre todo vale aclarar que se colocó, en un lugar que lo evidenció como irreconciliable con el gobierno de Alberto Fernández. Adoptó la misma postura que su madre en este tema pero fue por más. Quizo dar un mensaje no sólo sobre lo que pensaba, sino también de dónde se ubicaba en el Frente de Todos y desde dónde iba a hacer su juego político.

Líder de La Cámpora, que supo hacer de esta agrupación una sólida construcción juvenil del kirchnerismo, Máximo suele dar portazos. Lo hace a través de sus declaraciones públicas más allá de este tema puntual. Pega el portazo y se va. Golpea fuerte con el martillo de sus palabras, hace ruido y se retira a su silencio. Desde el golpe actual deberá tejer alianzas que le permitan aunar voluntades en cuanto a lo que lo llevó a dejar la presidencia del bloque. De pasar por el Congreso el acuerdo con el Fondo Monetario, tendría que demostrar su peso específico más allá de aquel que ostentaba con su cargo como titular del bloque. El acuerdo debería tener el consenso de la mayoría de los partidos políticos para lograr su validez y legitimidad y, el gobierno, sin contar por el momento con la aceptación de la oposición, vería su vulnerabilidad en el tratamiento parlamentario, cuando la fractura del Frente de Todos quede al rojo vivo en la sesión que estaría por resolverse.

El momento elegido para tomar la decisión de su renuncia no sólo se relaciona con el acuerdo del organismo financiero internacional sino también con el viaje del presidente Alberto Fernández y su comitiva a Rusia, China y Barbados que incluyen reuniones con sus pares, Vladimir Putin, Xi Jimping y la primera ministra del país caribeño Mía Mottley. El conflicto de intereses que plantea hoy el frente gobernante, pone al presidente en una situación delicada que lo obliga a responder preguntas vinculadas con un ambiente cargado de tensiones cuando el foco debiese estar puesto el logro de los objetivos planteados para realizar su viaje al exterior además de los temas domésticos de rutina.

Si Máximo quería tomar distancia del presidente Fernández no pudo elegir peor momento para el primer mandatario. Siempre puede haber uno peor, pasado o futuro, pero el actual lo sitúa en un cierto grado de vulnerabilidad cuando su pretensión era la de demostrar fortaleza puertas adentro de su propio frente político, el que le debiese brindar el sustento permanente de gobernabilidad, y afuera, a través de un consenso requerido en el seno del Poder Legislativo. Ni lo uno ni lo otro. Y se va de viaje a entrevistarse con dos líderes de potencias mundiales ante los cuales debiese demostrar, al menos, el apoyo de quienes políticamente respresenta. Aunque también esta última evaluación debiese hacerse a su regreso. A quiénes representa Alberto Fernández y de quiénes obtiene respaldo.

Volviendo a Máximo Kirchner y sus aspiraciones y las del kirchnerismo por una eventual precandidatura para la presidencia de la Nación en 2023, hasta a quienes les dio la espalda, aún hoy y sin que se haya comprobado que pudiese aspirar a tal cargo desconociéndose cuál sería fehacientemente la inclinación del electorado en términos generales y de su frente en particular, lo avalan para posicionarse en tal sentido. Más allá de su enojo ante la decisión de Máximo, el Ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, expresó: “¿No te gusta? Esperemos a las elecciones cuando seas presidente”.

Máximo Kirchner habrá evaluado, si es que su decisión no lo fue intempestiva, una buena ocasión para dejar la presidencia de su bloque a un lado. Seguramente quiso transmitir una forma de ver las cosas y hacer política que lo diferencie de otros o al menos es lo que intenta mostrar. La experiencia que en este campo tiene, probablemente no le haya servido para ver el sentido de la oportunidad que quienes están en estas lides hace mucho tiempo tienen aunque más no sea instintivamente. Se ubicó donde él quería. Ahora deberá demostrarse a sí mismo y al resto, que su decisión fue acertada y que ese lugar que eligió para sí, le permite construir el armado de una base política para alcanzar su meta de ser presidenciable en el 2023.

María Belén Aramburu

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