Editorial HI
29/03/2021

¿Y si refundamos el Mercosur?, por María Belén Aramburu

Un punto de partida para establecer nuevas bases y obtener respuestas a preguntas incómodas.

 ¿Y si refundamos el Mercosur?, por María Belén Aramburu
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a refundación como idea de volver a fundar algo, como el proceso y la consecuencia de modificar algo sustancialmente para lograr que se adapte a la actualidad o para que sirva para un objetivo diferente al original puede ser un punto de partida para establecer nuevas bases y obtener una respuesta a una pregunta absolutamente incómoda pero necesaria sobre los alcances de este mercado regional y si los objetivos planteados desde un inicio como piedras fundamentales que dieron lugar a su creación son viables y sustentables hoy.

Si bien es cierto que la pandemia que afecta al mundo entero en todos los planos, desde el aspecto psicológico, social, cultural hasta el político económico, coloca en el análisis de los países integrantes del Mercosur, la existencia de una realidad subyacente a la crisis que se plantea en la actualidad y que se ha venido arrastrando por años. Esto se hace visible cada vez que aparece alguna cuestión que saca a la superficie lo sabido aunque nunca dicho que atañe a los vínculos entre los Estados miembro y que, por tratarse de una unión regional, debiese ir más allá de las ideologías, inclinaciones políticas y pertenencia a un partido político u otro de los gobiernos de turno de cada uno de ellos. Las políticas públicas asentadas en la base de la fundación de este acuerdo regional como en cualquier otro, siempre prevalecen a la hora de la toma de decisiones en conjunto. O así debiese ser.

Recordemos que el Mercosur, Mercado Común del Sur, fue creado el 26 de marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción, con el objetivo de la integración regional, la libre circulación de ciudadanos y el libre comercio entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Venezuela es un Estado suspendido, decisión tomada en aplicación del Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático en el Mercosur, mientras que Bolivia cuenta con un status especial de miembro en proceso de adhesión, con derecho a voz pero sin voto. Los Estados Asociados son Chile, Perú, Colombia y Ecuador. El objetivo principal fue, y debería seguir siendo porque el basamento de su fundación así lo exigía y por lo tanto exige, el de propiciar un espacio común para generar oportunidades comerciales y de inversiones a través de la integración competitiva de las economías nacionales al mercado internacional, contando con preferencias comerciales entre los Estados que forman parte del mismo. ¿Se cumplen estos objetivos? ¿Tienen vigencia estos objetivos?

Porque más allá de las palabras y entredichos en la última reunión, virtual por la pandemia, para la celebración del aniversario número 30 del Mercosur siendo la Argentina quien detenta la presidencia pro tempore, subyace como dije anteriormente, una realidad que no se puede ocultar más, de diferencias entre los Estados miembro que, habiendo permanecido durante los años de vigencia de este mercado común, se reflotan cuando cuestiones de fondo sumergen a través de situaciones que deben ser resueltas para avanzar en uno u otro sentido.

Más allá de las palabras y entredichos subyace la disconformidad con un mercado que seguramente no cumpla con los objetivos iniciales de su fundación para algunos de sus Estados miembro, y que incluso tengan como propósito implícito la modificación de los mismos en orden a su adaptación a los momentos actuales del contexto particular de cada uno, del bloque, de la región y del mundo.

Pero las palabras y entredichos expuestos públicamente y en el marco nada menos que de un aniversario, lleva a plantearnos el significado de cada una de estas expresiones para alcanzar el concepto más amplio sobre esta realidad subyacente a la que hice referencia en los párrafos anteriores que, por otra parte, lleva a un planteo sobre la sustentabilidad del bloque tal cual se planteó en sus inicios y su sentido más amplio que lo podría sostener en el tiempo, siendo que sus objetivos debiesen ser evaluados para hacer un seguimiento estricto y continuo de los mismos, para darle continuidad al mercado común, de ser así, en estos términos o en los nuevos que se planteen en el contexto anual y considerados a largo plazo como lo son los que sostienen las integraciones regionales de todas partes del mundo.

Ahora prestemos atención a las palabras y qué dejan trascender ellas. O sea los invito a trascender las palabras y entredichos, siendo que cada una de ellas, dice, como suele suceder, mucho más de lo inicialmente expresado.
"Si somos un lastre, tomen otro barco" fueron las palabras utilizadas por el presidente Alberto Fernández para responderle al primer mandatario uruguayo, Luis Lacalle Pou, cuando advirtió que "obviamente que el Mercosur pesa, obviamente que su producción pesa en el concierto internacional, lo que no debe y no puede ser es que sea un lastre", para agregar que "no estamos dispuestos a que sea un corset del que nuestro país no pueda moverse".

Todo esto comenzó cuando Brasil, en un intento de flexibilización, tanto del comercio entre los estados miembro como fuera de la región, propuso reducir los aranceles externos comunes, que son los que se estructuran para regir dentro de un espacio económico generalmente denominado unión aduanera en función de las relaciones entre los países que han suscrito un acuerdo para ser aplicado a los productos provenientes de terceros países.
"No queremos ser lastre de nadie, si somos un lastre, que tomen otro barco, pero lastre no somos de nadie", contestó el presidente Alberto Fernández quien aclaró que "una carga es algo que hace que a uno lo tiren del barco y lo más fácil es bajarse del barco si la carga pesa mucho".
¿Interpretó bien las palabras de Lacalle Pou el presidente Alberto Fernández? Entiendo que sí, que leyó muy bien interpretando las palabras del mandatario uruguayo como de insatisfacción de las relaciones de los Estados que forman parte del Mercosur, refiriéndose a este bloque como una carga, un lastre que lo hunde y/o al menos le impide avanzar en propuestas y proyectos que van más allá del bloque y que lo llevarían a firmar acuerdos de libre comercio que son inviables en el marco del acuerdo regional.

Si bien el que expuso claramente el concepto sobre el significado del Mercosur para los Estados que lo componen fue Lacalle Pou, y su discurso fue calificado de "destemplado y agresivo" por parte de nuestro presidente, fue el primer mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, quien lanzó la idea compartida por el resto, salvo por la Argentina, de la actualización de las tasas arancelarias externas. "Deseamos que nuestras economías puedan participar aún más de las nuevas cadenas regionales y mundiales de valor". Bolsonaro fue clarito y su propuesta fue acompañada por Uruguay y Paraguay.

Las formas no fueron seguramente las correctas. Lacalle Pou pudo haber sido más diplomático cuando se expresó. Pero dijo lo que el resto, salvo la Argentina, pretende sea el leitmotiv de un barco que no lo lleve a la deriva, sino que tenga un rumbo orientado a la apertura hacia países fuera del Mercosur.

La posición de la Argentina es la de sostener a las industrias cuya situación se agravó durante la pandemia, con empresas que quebraron e incluso cerraron al igual que los comercios que venden sus productos, cayendo la producción y el empleo, preservándolos de la competencia con productos importados de bajo precio. Su política proteccionista choca con los intereses del resto de los países miembro del Mercosur.

El canciller Felipe Solá se concentró en los reclamos hacia una mayor flexibilización a través de la reducción de aranceles refiriéndose a que "una idea es que baje el arancel para esperar inversiones y la otra es hacer convenios y que esos convenios nos obliguen a bajar una parte de la lista", sumando a la posición que sostiene la Argentina que "nosotros proponemos que no hay que bajarlos antes, decimos que hay que bajarlos después de negociar", agregando que "si los bajo antes no tengo nada que poner en la mesa de negociaciones".

¿Brasil, Uruguay y Paraguay quieren romper el bloque? El único que dijo explícitamente que es una carga y un lastre es el presidente Lacalle Pou. Pero si Bolsonaro que fue quien lanzó la firme propuesta sobre reducción de aranceles y Paraguay, a través de su presidente Mario Abdo acompañó la idea para concretarla lo antes posible, siendo que la apertura planteada va a contramano de los acuerdos fundacionales establecidos en el origen del Mercosur, podría perfectamente inferirse que el bloque está impidiendo el desarrollo económico de estos países y su relación comercial con el resto del mundo, habiéndose entonces convertido éste en un estorbo para el crecimiento potencial y real de los países que integran el bloque.

¿La Argentina quiere romper su unión con el Mercosur? Alberto Fernández dijo que para él "es un honor ser parte del Mercosur" mostrándose a su vez en la dirección opuesta a lo expresado por sus pares regionales cuando dijo: "terminemos con esas ideas que ayudan tan poco a la unidad", haciendo conocer su disconformidad con el planteo inicial del mandatario brasileño acompañado por el resto y, aclarando que pueden quebrar la unidad. Más tarde pidió no poner en riesgo la unidad y, en la apertura de la reunión virtual llamó a sus pares a "profundizar la integración" aclarando que "vamos por muchos años de Mercosur" y que "no es tiempo de individualidades". ¿Sabría lo que vendría después? ¿Se anticipó a los planteos de sus pares regionales?

Considerando que las posiciones se contraponen a los propósitos del Mercosur y la coyuntura actual requiere de resoluciones urgentes, el tema de fondo, tantas veces postergado, sobre la utilidad, viabilidad y consecución de sus objetivos, merece un tratamiento sincero y profundo, a 30 años de su nacimiento. A eso apunto con la propuesta de su refundación.

Por María Belén Aramburu


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