Editorial HI
18/09/2020

Oposición unida, por María Belén Aramburu

Los últimos días están signados por un estrechamiento de vínculos

Oposición unida, por María Belén Aramburu
Autor: María Belen Aramburu
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anto el oficialismo como la oposición conocen de desavenencias y quiebre de su cohesión interna partidaria así como de frentes conformados en momentos de elecciones para llegar al poder.
 
Haciendo referencia a hechos concretos cercanos a la actualidad recordemos al actual oficialismo en la era de la presidencia de Mauricio Macri cuando el peronismo estaba dividido, con sus diferentes caras más visibles y representativas en el Congreso de la Nación, gestándose su unión ante las mediciones que acercaban al entonces presidente a una segunda oportunidad para continuar con su mandato y Cristina Fernández de Kirchner ofrecía la candidatura al ahora presidente Alberto Fernández y, a través de esta fórmula, sumaba a Sergio Massa a sus huestes desarmando la opción de Alternativa Federal del ex Ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna.
 
Durante el gobierno de Mauricio Macri también se presentaron desacuerdos, algunos más profundos que otros, algunos más explícitos que otros, sobre todo los pronunciados públicamente por Elisa Carrió y los que se mantuvieron entre el PRO y la Unión Cívica Radical, aunque nunca para llegar a concluir en una ruptura. Juntos conservaron la integración del frente que los había llevado al poder y hasta sumaron la pata peronista concretando la candidatura a vicepresidente de la Nación a Miguel Ángel Pichetto, aunque esto no alcanzara para darle continuidad a su gobierno.
 
El oficialismo tiene sus internas, algunas de ellas feroces, con un sector del peronismo que responde al presidente Alberto Fernández y otro que captura la lealtad a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, contando cada uno con su propia tropa. Siendo que me voy a referir al armado y unión de la oposición tal cual señalé en el título de mi editorial de @Haceinstantes dejaré el tema de este párrafo para otra oportunidad.
 
Los últimos días están signados por un estrechamiento de vínculos entre los distintos actores que desde la oposición forman parte de Juntos por el Cambio. Los acontecimientos lograron unirlos en sus diferencias mientras sus principales referentes se disputaban el liderazgo con la intención de convertirse en los portavoces públicos de las ideas y posicionamiento del frente para su electorado y para el gobierno nacional.
 
Los disparadores fueron varios y aparecieron en escala ascendente. Las diferencias respecto de la llamada “cuarentena” en momentos de pandemia se podría destacar como el primero. Estas diferencias también expusieron internas entre los más duros del frente, destacándose entre ellos la titular del PRO, Patricia Bullrich, con aquellos más moderados que, con Horacio Rodríguez Larreta a la cabeza, mostraron un camino más dialoguista con el gobierno del presidente Alberto Fernández. Para el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires la situación se tornaba siempre más complicada cuando, siendo un opositor al gobierno, debía recurrir al diálogo y consenso permanentes pese a las discrepancias, con el jefe de Estado con quien intercambiaba wasaps y conversaciones frecuentes en medio de una pandemia que iba dejando un número creciente de contagiados y víctimas fatales.
 
La reforma judicial fue otro de los temas que dividieron aún más al oficialismo y la oposición con la consecuente brecha que la modalidad y su normativa para desarrollar el debate parlamentario conllevó además de establecer un discernimiento de cuáles temas merecían una manera de ser tratados en el Congreso, presencial o virtualmente, y cuáles no, ya sea que se vinculasen con la prioridad de la pandemia y sus derivaciones o fuesen otros ajenos a este tema.
 
El impuesto extraordinario a la riqueza propuesto por el jefe de bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, y el presidente de la Comisión de Presupuesto, Carlos Heller, es cuestionado por la oposición que cerró filas para calificarlo de inconstitucional e ineficiente.
 
La coparticipación, con la quita del 1,18% a la ciudad de Buenos Aires que implica tener $45.000 millones menos para el 2021 y su destino hacia la provincia de Buenos Aires gobernada por Axel Kicillof, escenario de un conflicto por el pedido de aumento de salarios y mejora en las condiciones laborales y sanitarias vinculadas con la pandemia de la policía del distrito, terminaron de acercar incluso a quienes mas rivalizan por su liderazgo dentro de la oposición, el ex presidente Mauricio Macri y quien detenta la función pública como jefe de gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, quien busca permanentemente el equilibrio entre su pertenencia al frente que integra y su acercamiento al gobierno nacional en épocas de pandemia. La presentación de la Procuración de la Ciudad ante la Corte Suprema, ahora para negociar el recorte de fondos ante el envío de un proyecto de ley al Congreso ingresando por el Senado, y con el fin de mantener un status quo evitando se concrete la quita, unió a todos los socios de Juntos por el Cambio a través de sus principales referentes. El anuncio del presidente Fernández con la convocatoria de todos los intendentes, incluyendo a los del frente opositor, sin previo aviso, sumó fuerza adversaria a la medida.
 
A esto le siguió algo que se venía gestando en el seno del Poder Judicial, los decretos que oficializan la remoción de los jueces Germán Castelli, Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, que investigaron a la vicepresidenta, y su votación en una sesión del Senado que provocó que los legisladores de Juntos por el Cambio se retiraran del recinto en bloque. La denuncia original, formulada por un diputado de la CC-ARI, Juan López, fue en el juzgado federal de Sebastián Casanello quien la delegó en el fiscal Carlos Rívolo, seguida de Elisa Carrió con la ampliación de una denuncia contra Alberto Fernández y la vicepresidenta apuntando contra la Corte Suprema de Justicia por su “clara ausencia” en el tema. El intento de echar al Procurador General interino, Eduardo Casal, sumó otro ítem a favor de la unión de la oposición.
 
El reciente allanamiento de la quinta del ex presidente Mauricio Macri, “Los Abrojos”, en el que se llevaron los registros de las cámaras de seguridad, por la presunta violación de la cuarentena tras el viaje que el ex primer mandatario realizó al exterior, habiéndose reunido con tres intendentes de Juntos por el Cambio, sin haber cumplido los 14 días de aislamiento, y pese a haber asegurado que se hizo dos hisopados que le dieron negativo y que la reunión fue “al aire libre”, generó adhesiones del frente, en especial, declaraciones de la titular del PRO, Patricia Bullrich, que fueron dirigidas al centro del poder gubernamental.
 
El ex presidente Macri rompió el silencio cuando se refirió a un “ataque sistemático y permanente a la Constitución” suscitando adeptos a sus declaraciones y sumando referencias de dirigentes de Juntos por el Cambio a sus expresiones.
 
La gente en la calle a través de “cacerolazos, bocinazos y banderazos” fue un artífice crucial en el posicionamiento que la oposición adoptó, urgida por la representación de los votos de esa parcialidad de la población que salió a protestar contra el gobierno, haciendo sentir que no se veía fielmente representada por aquellos a quienes habían depositado su confianza con su elección para el cumplimiento de la función pública.
 
La representatividad de un solo líder de la oposición representada por Juntos por el Cambio, que supo centrarse en la figura del ex presidente Mauricio Macri, está en plena construcción mientras los debates más importantes pasan por la salud y la economía en tiempos de pandemia como señalé en otra editorial de @Haceinstantes .
 
Las figuras exponenciales siguen siendo Horacio Rodríguez Larreta que ve crecer su imagen positiva mientras se acerca o aleja del presidente Alberto Fernández en plena pandemia y Mauricio Macri, alejado de la función pública y sobre quien se estudia pueda tener alguna candidatura en vistas a las próximas elecciones legislativas.

Panorama complejo el actual pero tierra fértil para nuevas oportunidades de las que puede aprovechar el sector político, se trate del arco opositor u oficialista.

 

Por María Belen Aramburu 

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