Editorial HI
01/06/2020

La lección que deja la muerte de George Floyd, por María Belén Aramburu

El racismo en su máxima expresión

La lección que deja la muerte de George Floyd, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
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Quién era George Floyd? Era uno de los atletas que en el barrio se destacaba por sus habilidades en el fútbol americano y gracias a las cuales podía soñar tener un futuro mucho mejor que el presente con el que contaba. Ya en el colegio era el que permitía a su equipo anotar los tantos que, con un físico privilegiado y una estatura de dos metros a los doce años también podría haberse convertido en uno de los integrantes de la NBA o de un gran equipo de básquetbol. De hecho era amigo de algunos de ellos como el caso de Stephen Jackson de quien se decía tenía un enorme parecido físico. Fue a la Universidad de Texas donde quedaron a un lado sus sueños de deportista. En 2007 fue acusado de robo a mano armada luego de un asalto a una casa en Houston y condenado a cinco años de prisión en 2009 como parte de un acuerdo de culpabilidad. Cuando salió de la cárcel en 2014 se mudó a Minneapolis y consiguió un trabajo en el área de seguridad. Su último empleo fue de personal de seguridad en Conga Latin Bistro. Pero la cuarentena provocada por el coronavirus lo dejó sin trabajo ya que los restaurantes en el estado de Minnesota como en tantos otros, fue cerrado. Fue acusado de haber comprado en una tienda con un billete falso de 20 dólares, después de lo cual vino el gravísimo episodio que desató la furia entre los norteamericanos.
 
“I can’t breathe” se escuchaba que agónicamente decía George Floyd mientras el policía Derek Chauvin aplastaba su cuello contra el piso con su rodilla derecha hasta dejarlo sin aliento y provocándole la muerte.
 
Paradojas de la vida, y de la muerte, Floyd y Chauvin habían trabajado en el mismo lugar aunque nadie podría confirmar que se conocieran personalmente. En El Rodeo Club donde Floyd era empleado, Chauvin trabajaba como personal de seguridad haciendo horas extras.
 
Muchos de los que lo conocían dicen que era alegre y estaba haciendo un cambio en su vida para mejor. Hasta descreen de la versión sobre los 20 dólares falsos supuestamente utilizados en una compra.
 
Las manifestaciones se multiplicaron en todo el país. Siguen apareciendo en su forma más violenta acompañadas de saqueos a comercios y supermercados llevándose consigo zapatillas, ropa, televisores, celulares y otros productos electrónicos. En varios estados se dispuso el toque de queda pese a lo cual los disturbios continuaron propagándose.
 
La situación puede remontarse en su similitud a los violentos disturbios en Los Ángeles que comenzaron a fines de abril de 1992. Un jurado compuesto en su mayoría por blancos absolvió a cuatro agentes de policía que fueron filmados cuando propinaban una feroz golpiza a un taxista negro, Rodney King, que huía de la policía cuando era perseguido por la autopista a 180 km por hora. Con fracturas en todo su cuerpo, King logró sobrevivir. El saldo de las protestas fue de más de 50 muertos y 2 mil heridos.
 
El presidente Donald Trump dio la orden, días atrás, de la movilización de la Guardia Nacional contra los manifestantes disparándoles en caso de ser necesario. “Si comienzan los saqueos, comienzan los disparos”, advirtió Trump. Hasta la Casa Blanca fue centro de ataques que obligaron al primer mandatario a dirigirse al búnker subterráneo durante una hora para luego escribir en su cuenta de Twitter: “Los Estados Unidos de América designarán a ANTIFA como una organización terrorista”. ANTIFA es una organización antifascista tal como su sigla indica. El presidente Trump señaló que hay infiltrados en las manifestaciones que responden a grupos radicalizados de izquierda. Hasta tildó al alcalde de Minneapolis de “débil de izquierda radical” señalando su falta de liderazgo. De hecho su apoyo fue brindado enteramente al gobernador de Minnesota a quien le prometió ayuda militar de ser necesaria. Cada estado dispone de la Guardia Nacional pero el presidente es, constitucionalmente, el comandante en jefe de las fuerzas armadas y de seguridad.
 
Donald Trump continúa utilizando la red social Twitter para expresar sus declaraciones. Está peleado con Twitter que lo acusó de haber violado sus reglas sobre “glorificación de la violencia” mientras que firmó una orden de restricción de sus contenidos.
 
Las manifestaciones impulsadas tanto por blancos como por afroanorteamericanos demuestran una vez más su disconformidad con las políticas planteadas desde el Ejecutivo. El racismo en su máxima expresión que llevó a la muerte de George Floyd, la injusticia social, la pobreza, la marginalidad, la exclusión, el incremento de la desocupación que dejó a 20 millones de personas desempleadas durante la pandemia alcanzando a más del 15% de desocupación forman parte de las protestas. Un año electoral con un presidente que busca su reelección y un contrincante del Partido Demócrata, Joe Biden, que juega su juego de presentarse como moderado.
 
La desigualdad muestra su peor cara cuando el desempleo se impone como una cruel realidad ante la pandemia en curso que se ha llevado más de 100.000 vidas sobretodo las de los más pobres y vulnerables, entre ellos latinos y afroamericanos.
 
Por este motivo las manifestaciones denotan algo más que su protesta contra el racismo y el abuso policial. Se unen al movimiento “Black Lives Matter”, “Las Vidas Negras Importan” pero también claman por su empobrecida situación económica, por sus derechos y una mejor calidad de vida.
 
La lección que deja la muerte de George Floyd es un “basta”.
 
Basta al racismo, intolerancia, brutalidad, maltrato, abuso policial, discriminación, desigualdad, pobreza, desocupación. Basta por vos y basta por mí sería el reclamo a viva voz. A quien le toque en cada momento de la historia que transcurre con permanentes sobresaltos potenciada en sus más grandes y tristes miserias por una pandemia en curso.

Por María Belén Aramburu

 

 

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