Editorial HI
09/04/2020

El aislamiento social se sigue extendiendo, por María Belén Aramburu

¿Hasta cuándo viviremos aislados? Es una pregunta que no tiene una respuesta por el momento.

El aislamiento social se sigue extendiendo, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
E

l aislamiento social, preventivo y obligatorio continúa extendiéndose. En la impaciencia e incertidumbre que genera la prolongación de un estilo de vida que ha modificado los hábitos del mundo entero, la pregunta que natural y espontáneamente surge es la de la duración.
 
¿Hasta cuándo viviremos aislados? Es una pregunta que no tiene una respuesta por el momento. Si se la formula a un funcionario éste contestará que la evaluación es “día a día”. Y es cierto. La reformulación de la prolongación de la llamada “cuarentena” que no es tal por ser éste un concepto vinculado a cuestiones médicas, se relaciona con índices epidemiológicos. La evaluación de la curva que por el momento muestra su achatamiento se condice con las medidas adoptadas de aislamiento social. Cuando el pico de contagios se espera para fines de abril, principios de mayo, según las fuentes que una consulta, entrevistados, infectólogos y médicos de distintas especialidades  que asesoran al presidente, la pregunta anteriormente planteada se hace más insistente y se profundiza la incertidumbre. Porque de confirmarse este pronóstico, los anuncios de la prolongación de un aislamiento irían sumando días tal cual acontece en países en los que, respuesta tardía mediante, los casos de infectados se multiplicaron así como los de, lamentablemente, los fallecidos.
 
Las medidas de aislamiento anticipatorias que tomó el gobierno nacional van de la mano con las advertencias, consejos y recomendaciones de los especialistas, que a su vez consultan con sus colegas del exterior, sobre todo de los países que quedaron más expuestos sin haber podido frenar el crecimiento de una curva que se mostró vertiginosa en su ascenso. El Ministro de Salud de la Nación también lo hace con sus pares y esto se multiplica en los distintos distritos.
 
Lo que les comenté la semana pasada en mi editorial de Haceinstantes sobre cómo se prepara la ciudad de Buenos Aires para enfrentar su pico máximo estaba relacionado con la peor hipótesis probable, al igual que los pronósticos que realiza cada uno de los distritos y la Nación por su parte.  
 
La dilación en el tiempo obedece a estirar en el tiempo los casos, hacerse de tiempo para evitar el colapso de un sistema de salud que no estaba preparado como ha pasado en otras partes del mundo, incluidos los países más desarrollados, proveerse de insumos, respiradores, camas y acondicionamiento de lugares que harán las veces de centros sanitarios además de la preparación de los hospitales para recibir, sobre todo, a los pacientes más graves que deberán ser internados en terapia intensiva aparte de los moderados y los leves, estos últimos en su mayoría con un crecimiento exponencial que se está poniendo en evidencia. Con pabellones aislados que permitan separar a los casos sospechosos de los que en la guardia esperan la atención por diagnósticos que difieren del de coronavirus y los que asistan con diagnósticos que presenten enfermedades respiratorias propias de las épocas otoñal e invernal y que signifiquen un discernimiento para el sistema de salud en cuanto a su diferenciación.
 
Lo que el mundo espera es una vacuna. En este sentido son varios los científicos que están avanzando en cuanto a una que se pueda aplicar lo más rápidamente posible pero que todavía no apareció. Y mientras no aparezca, la salud de la población debe estar a resguardo.
 
El testeo en sus diferentes variantes también es materia de estudio. Cuanto más rápidos, eficientes y económicos sean, mejores resultados aproximarán a un sistema que pretende minimizar costos y cantidad de enfermos.
 
Por la dinamicidad de este virus, su efecto multiplicador escapa a una contención eficaz. Se suma otro elemento. Su desconocimiento. Poco se sabe sobre el coronavirus y su comportamiento. Y lo que se aprende se hace sobre la base de contagiados y fallecidos en el mundo.
 
Otra cuestión que el gobierno nacional intenta evitar con el aislamiento, es la exposición de la población vulnerable a los contagios.
 
Se sabe que los contagios aumentarán, que la cantidad de enfermos y fallecidos crecerá con el tiempo y cuando el pico asome se verán en un aumento del número. Triste será el momento de reflejarlos y nadie está preparado para eso.
 
Como se conoce tan poco sobre este virus y la enfermedad que conlleva, tampoco se sabe sobre la inmunidad que brindaría para quienes sostienen la teoría de de la inmunización de la población. Los contagios se siguen multiplicando, aunque con el aislamiento, en menor medida.
 
La flexibilización gradual acompaña demandas de tipo económico que hacen de esta situación un panorama delicado, cuestión que no voy a detallar en esta editorial por centrarme en otros aspectos de esta cuestión.
 
Volviendo al punto inicial, sobre la finalización del aislamiento, lo único que se sabe es que resulta incierto. Tan incierto como los estados de encierro, angustia, tristeza y otros. Pero a los que se les puede sacar provecho cuando se convierten en espacios íntimos de encuentros próximos con uno mismo para trascender aquello que aparece como si fuera muy nítido pero que si se mira bien es reflejo, espejo, de un mundo irreflexivo, avasallante y aturdido. Espacios con uno y con su entorno afectivo. Proximidad exclusivamente tecnológica con seres queridos, con colegas, con quienes antes se establecía un contacto personal.
 
Como escribí en otra editorial de @Haceinstantes “mi mundo cambió, nuestro mundo cambió” y no podrá ser igual que antes. Algún aprendizaje nos tiene que dejar a “todos”. Serán épocas de aceptación y de adaptación. Serán momentos en que el virus desafiará a la inteligencia humana aplicada a las ciencias para derrotar su ferocidad.
 
Más allá de la evaluación personal que, desde el lugar en el que nos encontremos será una u otra, lo cierto es que las medidas de aislamiento continúan y no se sabe por cuánto tiempo más. La flexibilización gradual llegará a su tiempo y con la base de datos precisos.

 

Por María Belén Aramburu

 

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