Editorial HI
14/01/2020

Qué verdad se esconde tras de la decisión del príncipe Harry, por María Belén Aramburu

La independencia devenida en la propia toma de resoluciones conlleva a la económica.

Qué verdad se esconde tras de la decisión del príncipe Harry, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
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or qué Harry ha tomado la decisión de independizarse de la corona británica?

Si bien su independencia no será absoluta en los términos planteados por él y su mujer Meghan Markle, ya que seguirán formando parte de la familia real, han quebrado las normas básicas de convivencia y los stándares sostenidos por muchísimos años entre los miembros de esa familia constituida en sólidas bases dentro de su entorno íntimo como de proceso de mostración a los demás.
 
¿Ha sido la rebeldía la que los llevó a esta decisión? ¿Fue producto de una genuina búsqueda de destino de gente joven que tiene la firme pretensión de hacer su camino más allá del elegido por sus antecesores, sobretodo en casos como éste en que se trata de una imposición signada por la herencia de usos y costumbres?
 
La decisión adoptada denota una fortísima inclinación hacia la liberación de un trayecto de obligatorio recorrido hasta el momento en que se torció en busca de un nuevo rumbo, con objetivos propios, de resolución tan incierta como los de cualquier ciudadano pero también de rebeldía a un sistema normativo rechazado por propios y ajenos.
 
La independencia devenida en la propia toma de resoluciones conlleva a la económica, sin rendición alguna de cuentas. Quedó claro que gran parte de la decisión está basada simple y llanamente en tener trabajos independientes, como profesionales auto sustentables y el punto quizás más polémico e importante: su prescindencia de los fondos públicos, su escisión de un sistema que permite su supervivencia, sustentabilidad y lujos a través del erario público, sostenido por el aporte de los ciudadanos que destinan, una parte de sus honorarios para que la corona continúe con su funcionamiento consuetudinario, un impuesto soberano emitido por el Tesoro, sí bien la mayor parte de los gastos de la pareja proviene de la administración de los bienes de la realeza. Pero la liberación de un andamiaje estructurado y armado que genera dependencia no es del agrado de quien pretende seguir sus propias reglas abandonando un estilo de vida prefijado y rígido sin espacio para maniobras diferentes a las preestablecidas.
 
En la actualidad los países se debaten en fuertes crisis económicas. Si bien Gran Bretaña figura entre las principales potencias mundiales, siendo la sexta en importancia, su economía tuvo en noviembre del año pasado, su crecimiento más bajo desde 2012, con un crecimiento interanual de sólo el 0,6%, además del costo del Brexit. En los tiempos que corren no se ve con buenos ojos la existencia de una realeza que al margen de poseer visible auto sustentabilidad también se nutre de un aporte, aunque pequeño, proveniente del esfuerzo ajeno.
 
Más allá de la elección del país donde residirán, que por lo que dejaron ellos mismos trascender podrían ser los Estados Unidos, cuentan con la licencia de una marca, Sussex Royal además de la fortuna que les es propia. Pero lo que se desprende es que los príncipes están dispuestos a renunciar a sus títulos para obtener su independencia económica, y la independencia de todo tipo que desde ya queda implicada tras este anuncio.
 
La decisión fue inconsulta. La recepción por parte de la realeza fue de sorpresa, decepción e inminente respuesta y resolución.
 
¿Harry pateó el tablero? Y, sí. Lo dejó dado vuelta y las fichas que volaron por el aire fueron atajadas por su querida abuela, la reina Isabel, quien, intentando ordenar algunas de ellas, se propuso no cometer viejos errores que desplazaron del reino a la madre del joven, la popular princesa Diana y la duquesa de York, Ferguie.
 
En el medio una mujer. En el medio de los dos hermanos, William y Harry, la mujer de este último, Meghan Markle. La falta de aceptación del hermano mayor hacia la mujer del menor dejó expuesta una pelea interna que la corona intentó silenciar y desviar de la atención popular y de los medios.
 
Así como en su momento, su madre Diana sintió la asfixia de la monarquía en las ataduras a un ritmo de vida insostenible para ella, modificando patrones de conductas y hábitos que la convirtieron en un personaje cercano y querido por parte de los británicos, fue ahora su mujer quien le dejó en claro una postura semejante y,  para que no quedaran dudas, hasta se mudó a Canadá esperando la publicación de una resolución de la realeza que finalmente tuvo lugar luego de una reunión familiar extraordinaria e íntima.
 
Sin la pretensión del príncipe Harry de desairar a su querida abuela pero sí de tomar un camino diferente junto con su mujer, es que sienta el precedente, consciente o inconscientemente de que la realeza británica ya no será la misma en el espejo en que se refleje su imagen para sí mismos, para la sociedad de Gran Bretaña ni para la visión que el mundo posee sobre ella.
 
Harry perdió a su madre. Su padre, Carlos, se volvió a casar con quien siempre fue blanco de sospechas de una relación paralela mientras estaba con la princesa Diana, armó su vida de manera bastante ajena y distante de la de sus hijos, sin que los príncipes sintieran el apoyo de quien se esperaba fuese el principal sostén emocional ante la orfandad materna. Su abuela, la reina Isabel, fue su principal referente y es a ella a quien remite su decisión, tomada entre las suntuosas pero a su vez frágiles paredes del reino, para lograr dar relevancia a su persona y a la de su mujer, priorizando intereses propios ante sí mismo y el mundo. Un hermano menor sin chances por herencia para ocuparse del reino sin dejar pasar a sus antecesores y por ende sin injerencia presente ni futura en la toma de decisiones inherentes a la realeza.
 
No parece por el momento que pueda tener impacto directo en otras confirmaciones reales como la española pero si bien en ambos países son aceptadas más por tradición y acostumbramiento a ser observadores de sus extravagancias y estilos de vida, su inserción como parte de modelos de vida actuales estaría en decadencia y crisis.

 

Por María Belén Aramburu

 

 

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