Editorial HI |

Superclásico

06/11/2018

"Más allá de las diferencias...", por María Belén Aramburu

Se habló de este tema durante todo el fin de semana luego del anuncio del presidente Macri de la asistencia de público visitante en los partidos entre River y Boca, Boca y River, en sus respectivas canchas. Más allá de la intención, la operatividad de la puesta en marcha de dispositivos de seguridad para los partidos es imposible de ejecutar.

E

ra de preverse.
 Se habló de este tema durante todo el fin de semana luego del anuncio del presidente Macri de la asistencia de público visitante en los partidos entre River y Boca, Boca y River, en sus respectivas canchas.
 Los presidentes Rodolfo D’Onofrio y Daniel Angelici estuvieron a la altura de las circunstancias en una conferencia de prensa brindada desde la AFA junto con Claudio “Chiqui” Tapia. 
 Respetando días y horarios comunicados por la Conmebol, no sin antes aclarar que hubiesen preferido una consulta de su parte, aceptaron los sábados 10 y 24 de noviembre a las 17 horas.
 Mostraron unidad de criterios pero, sobretodo, dieron un mensaje de paz ante un espectáculo deportivo que invita a disfrutar a hinchas de ambos clubes.
 Sería ideal poder jugar los dos partidos con públicos visitantes pero, lamentablemente, es imposible. No están dadas las condiciones para evitar actos de violencia mediante un operativo de seguridad, aunque éste sea el más férreo, programado y estratégico que se proponga. 
 Por lo general se reúnen los presidentes de clubes, consensúan respecto de una decisión a tomar en relación con la presencia de visitantes y piden se les provea la seguridad correspondiente. Rodolfo D’Onofrio recordó el viernes que así lo dispusieron con el presidente de Lanús el 31 de octubre del año pasado, negándosele por parte de la ciudad la provisión de dicha seguridad, lo cual llevó a preguntar qué había cambiado en un año para modificar las condiciones. Fue en esta oportunidad en que la intención emanó del propio Poder Ejecutivo para ser posteriormente cuestionada y finalmente dejada de lado luego de una reunión institucional en la AFA.
 “Esta vez se nos tiene que dar, este c... de Gallardo...” expresó el presidente Macri durante un diálogo informal con trabajadores de un laboratorio, sin reparar en que era grabado por un celular. Su paso como presidente del club de la Ribera lo deja parado en una parcialidad que, por demás conocida, lo vuelca a un costado de las canchas en la eterna rivalidad. 
 A la euforia presidencial remarcada por “Esta vez se nos tiene que dar” se suma la designación de un árbitro chileno , Roberto Tobar, en lugar de las ternas brasileñas anticipadas. Todo para inquietar aún más si se quiere a un River con seis jugadores al borde de tarjetas. 
 A Boca también le preocupa un rival que supo empatar y hasta dar vuelta un partido en los 10 minutos antes de finalizar, ante un rival que obstaculizaba el normal desarrollo de un partido con demoras innecesarias y jueguitos de pelota interminables que mostraron un Gremio combativo para el que hubo que reforzar la seguridad.
 “Va a ganar el que obtenga resultados positivos” afirmó D’Onofrio en conferencia de prensa ante la consulta de uno de los periodistas. Angelici respondió en forma similar ante la pregunta. Claudio “Chiqui” Tapia enfatizó que “no hay antecedentes en el mundo con los dos equipos más representativos de la Argentina”.
 Buscando certezas se suma otro árbitro que se alzó con fuerza señalando un penal que resultó favorable a River en la resolución de Pity Martínez: la tecnología. Calificada como la que “vino para quedarse” en palabras de D’Onofrio y comparada con un “piloto de avión que necesita horas de vuelo para perfeccionarse”, “vino para quedarse y para sumar”, en boca de Angelici, el VAR es, desde mi punto de vista, una herramienta eficiente y certera a la hora de las definiciones, cuando el ojo humano o la ubicación del hombre en el espacio de una cancha no le permite ver más allá de lo que la duda despierta. 
 “Queremos transmitirles que esto sea una fiesta. Me sumo a las palabras de D’Onofrio” expresó Angelici ante los periodistas.
“Es un partido que los hinchas de los dos clubes tenemos que disfrutar mucho”, “la gente tiene que entender que esto es un juego”, “disfrutemos esto” anticipaba D’Onofrio, aclarando que le gustaría sacarse fotos y saludar a los hinchas de Boca, buscando la fraternidad de dos equipos históricamente rivales.
 No poder disputar partidos con hinchadas visitantes como lo hacen en Europa el Barcelona y el Real Madrid en una final de la Champions League reñida y esperada por la región y el mundo entero, habla muy mal de nosotros.
 Más allá de la intención, la operatividad de la puesta en marcha de dispositivos de seguridad para los partidos entre River y Boca, Boca y River, es imposible de ejecutar. 
 El impedimento real está en nuestra sociedad que no arbitra los mecanismos necesarios de tolerancia y respeto ante lo que debiese presentarse como el disfrute de un espectáculo deportivo. Histórico sin lugar a dudas. Pero un espacio de competencia en el que demostrar los valores de la sana convivencia entre rivales futbolísticos. 
 Podría ser una gran fiesta. De hecho lo es. Pero es como tener por delante una celebración con el impedimento de invitar a los que se presentan en la vereda de enfrente como los diferentes cuando en realidad lo que más nos une a ellos son las semejanzas. Porque vestirán camisetas de otros colores. Pero se prepararán como nosotros para ser los mejores, para superarse a sí mismos, para enfrentar a un excelente rival con profesionalismo, tenacidad, voluntad, dedicación, concentración y esfuerzo. Nos une la lealtad a la camiseta, la pasión, las derrotas y victorias de hace muchos años que nos hace mirarnos permanentemente para evaluarnos y superarnos. Cada equipo se debe a sí mismo. Y a su hinchada. Y al público que quiere verlos desplegando su mejor versión en la cancha.
 Sería bueno aprender. Aprender a superarnos. Educar en la prevención. Educar en pos de la Paz. Educar mostrando que, más allá de cualquier diferencia, somos parte de una misma Nación. Una Nación que construimos entre todos, cada uno desde su lugar, día a día. Una Nación que nos espeja fronteras adentro y afuera.

 

Por María Belén Aramburu.

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